lunes, 6 de junio de 2016

martes, 3 de mayo de 2016

Giosepporen sudurra

Ilustraciones del libro Giosepporen susurra ,escrito por Pello Añorga

lunes, 4 de abril de 2016

domingo, 6 de marzo de 2016

Ilustraciones para el libro Elia y las olimpiadas escolares

martes, 2 de febrero de 2016

Museo de Bellas Artes de Vitoria-Gasteiz

Dibujos realizados en el Museo de Bellas Artes de Vitoria ,en una actividad organizada
por Ilustrapados Araba

martes, 1 de diciembre de 2015

Xolaren liburu berria

Xola eta lapurra ,(Shola y el ladrón) es el nuevo título de la serie de libros protagonizada por la perrita hola y su dueño ,el señor Grogó .Los textos escritos son obra del gran escritor Bernardo Atxaga y yo me encargo de las ilustraciones .
Edita el libro la editorial Erein dentro de la colección Holaxe bici da Xola


http://www.diariovasco.com/agencias/pais-vasco/201511/30/atxaga-defiende-literatura-infantil-547418.htmlhttp://www.noticiasdenavarra.com/2015/12/01/ocio-y-cultura/irakurlearengan-barrea-eragingo-duen-txakur-inuzentea

viernes, 30 de octubre de 2015

Tira de Cómic-Acabar bien

Tira de Cómic basada en la entrada del blog de Elsa Aguiar titulada Acabar bien .
 La tira forma parte del libro homenaje a Elsa que se ha realizado recientemente .
Elsa ,editora de Ediciones Sm , nos dejó a finales de mayo de este año .

Acabar bien

26 marzo 2013


Hoy, en la comida, mis hijos comentaban algunos de los tremebundos argumentos que desarrolla Jacqueline Wilson, una de sus escritoras favoritas, en sus novelas para niños y jóvenes. Padres divorciados varias veces, progenitores que se marchan de vacaciones con el amante de turno dejando a los niños solos al cuidado de un hermano o hermana de catorce años, chavalines que deben enfrentarse solos a un accidente o una agresión, adultos con niños a su cargo que se emborrachan hasta la inconsciencia… y otras situaciones familiares y sociales que, aunque no pongo en duda que se den en la realidad, por su frecuencia rozan lo inverosímil.
Les pregunto: “¿y por qué os gustan esos libros?”  Se encogen de hombros: Molan”.
Ante mi expresión, y quizás en un intento de justificarse, añaden: “Pero muchas acaban bien”.
Acabar bien. Esa respuesta me hace recordar una frase de la reseña de El rostro de la sombra que hizo en su momento una bloguera: “estoy acostumbrada a leer historias sobre personajes torpes y egoístas que al final se enderezan y se convierten en personas decentes”. Y en un comentario a esa reseña, alguien remataba: “se echa de menos un final donde quede todo bien definido”. ¿Es eso “acabar bien”?
Venga, sin miedo. ¿”Acabar bien” es que “los malos” se rehabiliten y que el amor triunfe? ¿Es acabar bien que todo desemboque en un “deber ser” bien visto socialmente? Me temo que “acabar bien” es entonces sinónimo de una resolución que no nos produzca desasosiego, que no nos perturbe, que no nos entristezca, que no nos haga plantearnos cosas que hagan tambalearse nuestra cómoda cotidianidad.
Así que intento explicar a mis hijos que la vida, a veces, no acaba bien. Intento hacerles ver que quizá tenemos un concepto equivocado de qué es acabar bien, tanto en las novelas como en la vida. Me gustaría que entendieran que “acabar bien” no es siempre que los acontecimientos se desenvuelvan como uno quiere, como a uno le gustaría o como uno cree que es justo. Que a veces “acabar bien” puede ser, simplemente, saber que, ocurra lo que ocurra, uno ha sido fiel a si mismo y al sentido o sentidos que haya querido darle a su vida. Les pongo un ejemplo: La historia de IqbalEn este caso, tanto la realidad como la novela “acaban mal” en el sentido convencional del término. Iqbal, un chaval honesto y decidido de muy pocos años, muere asesinado y “los malos” quedan, probablemente, impunes. Pero en otro sentido, la historia de Iqbal acaba bien, porque nada consigue que el protagonista se aparte de lo que considera su prioridad: destapar la injusticia, cueste lo que cueste.
Claro está que mis hijos tienen once años. Y, en su mirada de niños que empiezan a no serlo, intuyo que el “acabar bien” normalizado al que ellos se referían cumple una función: aplacar la ansiedad que pueden generar las historias leídas. Quiero creer que esa ansiedad, aunque calmada, ya lleva en sí misma la semilla de una inconformidad constructiva.
Al final, me quedo pensando que quizá todos necesitamos, de vez en cuando, una historia que “acabe bien” en el sentido clásico, aunque solo sea para seguir creyendo que es posible.
https://editarenvozalta.wordpress.com/